Sunas

El maestro es el territorio. Al territorio se le entrega y se le pide información para el aprendizaje y la enseñanza. Se aprende de todo lo existente en él. El pensamiento se abre, el espíritu se inspira y el alma se recrea en las distintas partes del territorio. Hay que darse el tiempo para escuchar la palabra del territorio, aprender y recrease en el sentir.

Así las montañas, los nevados, las lagunas, los ríos, el mar, las casas de pensamiento tienen una palabra que se consulta en el reconocer el territorio como maestro, en saber que la tierra habla. Así como las plantas, los animales, los minerales y todos los fenómenos naturales que nos acompañan de manera que los humanos tenemos una conexión con todos ellos. Dicho contemporáneamente, es vivir el principio cuántico de la interconexión de la vida.

 Buscar la identidad propia del territorio es emprender un viaje de regreso a casa. Ese viaje se ha emprendido por muchos héroes humanos y representa la búsqueda para encontrar el lugar que le corresponde: el sentido de la vida, la misión y la conexión con lo existente. Así, la memoria, no es todo el agravio que hemos vivido; sino la expresión del ser en la unidad del pensamiento que se está invocando, el pensamiento ancestral carare. Así el territorio como maestro y las plantas sagradas como guías han sido el sustento de nuestro hacer.